¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que es aquí en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos podrían sanar para siempre
y tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar esa música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!
¿Conocéis el lugar donde va a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena a los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un emjanbre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
En el lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes anunciadas,
y el pueblo amurallado y muerto
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.
¿Conoceis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
dondo por los linderos morados
se tensa, como un arco, de la luz;
en un espacio en que la nada es todo
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que el espacio y el tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).
La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
Es la música que, a través de la respiración de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos.
Antonio Colinas
(Este poema está en la pared de entrada del centro E-lea de Urueña. Voy a dedicar las siguientes entradas a Urueña, Villa del Libro, su gente y rincones. Hoy recomiendo visitar La Taberna del librero )
Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.
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miércoles, 21 de julio de 2010
Urueña (1) ¿Conocéis el lugar?
domingo, 13 de junio de 2010
Madrid-Sevilla-Ronda-Madrid (y Baaría y la mosca ¿viva o muerta?)
Viajo a Sevilla, llueve todo el trayecto, pero está precioso el campo. Cómo lo echo de menos. Llego a la ciudad y sigue el agua. La logística es lo mío, si no puede ser militar, porque el ejército no me quiere, que sea de transportes al menos. Como con J. y luego voy a casa de un amigo. Ya no llueve, da gusto pasear tranquilamente. Había reservado hotel, pero al final me insiste y me quedo. Me recuerda I. mi promesa de las estampitas, término sevillano o andaluz, no sé bien, para lo que en Madrid llamamos cromos. Yo, para que termine el álbum ese de más de 600 tipos en camiseta del Mundial, hago lo que sea, 9 sobres le regalo. Me pregunta luego que si vivía cuando los dinosaurios, le aclaro que no soy tan vieja. Después me aconseja que no me ponga las gafas, que estoy muy fea con ellas. De verdad, ¿los niños dicen siempre lo que piensan?
Por la noche he quedado en ir a cenar a casa de A. y J., no les conozco apenas, pero me han invitado, suerte que tengo. Realmente hay mujeres que con la gracia que tienen son capaces de transformar lo que les rodea, es un don siempre envidiable. Encima ceno de muerte. Ay Dios, qué rico está todo. Cocina él estupendamente y su suegra el postre, el tatín de manzana es de reclinatorio. Estoy muy cómoda. Miro de repente de reojo el reloj de J. ¡son ya las 12.30! Lo he pasado tan bien que no me he dado cuenta de la hora. Llego y duermen todos. Duermo también a pierna suelta. Al día siguiente tengo una entrevista de trabajo. Como con otro amigo, su mujer y sus niñas, también mucho y bueno, griego. Hablamos de la envidia, de escribir, de viajes, de la familia, etcétera. Y de nuevo ¿son las 5 ya? Se me pasa el tiempo volando. Me han prometido las niñas un comic para cuando vuelva. A Babe, el cerdito, y los corazones sonrientes que me pintaron los tengo en el corcho junto a horarios, cosas pendientes, etc. Necesitan renovación de alguna manera.
Esa tarde aprovecho para ver la exposición de Antonio del Junco en la estación de San Bernardo, "Paisajes urbanos. Metro de Sevilla" . Ni a él ni a Marga puedo ir a verles, me da pena. Me gustan las fotos de Toi, es un paisaje humano del metro de Sevilla -y alguno no humano- que tiene ese calor de mi amigo. Me parece curioso siempre cómo Toi hace eso hasta con los objetos, no digamos con la personas que fotografía. Siempre hay calidez en las fotos de Antonio del Junco, es su mirada que queda, y da alegría siempre hasta cuando hay tristeza. Lo que no me gusta es lo desangelado, lo frío que parece el metro en realidad cuando viajo en él. Por curiosidad me paseo por unas cuantas estaciones, salgo y entro, explorando, sin ir a ninguna parte realmente. Quizá es que es muy nuevo, pero a mí me parece que un metro tiene que tener gente que toque música, más animación, no todo tan puesto, tan distante, tan grandielocuente, una escala más humana, más cercana o que lo parezca. No sé cómo explicar esto.
Por la noche vamos a ver Baaría de Giuseppe Tornatore y música de Morricone. La película a veces te desespera por desmesurada. Incluso en algún momento se te hace hasta esperpéntica. Te recuerdan algunas escenas a Fellini, otras puntuales a "Novecento" (por cierto, qué mal ha resistido ésta el tiempo). Un "Novecento" hecho desde el desencanto, por supuesto. Bueno, pues a pesar de que a veces te pone a 100 y dices “podías haber sido más medido con esto, te estás pasando un par de pueblos”, tiene momentos memorables, verdaderamente geniales, y al final te traga visualmente y de corazón, de ambas maneras. Te devora la película, te convence: ese sol cegador, los amarillos urbanos, el paisaje rocoso y seco del campo de Sicilia, el trazado de un pueblo que luego crece hasta hacerse una ciudad moderna y horrorosa y, sobre todo, el niño que corre por una calle larga, larga. Es un niño pobre al que se le comen las cabras los libros, luego otro niño con jersey a rayas, también con ojos grandes. Y, casi al final, la peonza que gira sobre sí misma, dando vueltas y más vueltas, y a la que un mudo puso el huso y una mosca viva dentro. Se rompe la peonza por la mitad, se raja de parte a parte por otra que la golpea y, expectante tú con el niño miras qué hay dentro, si la mosca viva que metieron cuando pusieron el huso saldrá ahora o no. Me emocioné en ese momento. Es la vida la peonza, la mosca atrapada viva para meterla en el hueco, luego el huso que la encierra, y tras mucho giros, mucho juego con ella, un choque de otra peonza y la rotura exacta, la sorpresa con que miramos a ver qué ha pasado, qué pasa, qué pasará... ¿vive la mosca o ha muerto? Hablamos mucho José y yo. Más de veinte años de amistad dan para conocerse mucho, contarse y saber también que se puede estar en silencio sin preguntar o contestar.
Voy el viernes a Ronda en autobús, otro viaje perfecto. Vuelvo a “Los jardines de Hielo” primer libro de poemas de José María Moreno Carrascal y accésit del premio de Poesía Fundación Ecoem. Ayer le leí a Jose poemas en alto y le encantaron. Hay algunos, "Ofrenda en la ciudad", "She used to sing the blues", entre otros muchos, el libro es espléndido, que emocionan como la mosca de Baaría ¿viva o no? Lo dejo en suspense. Almuerzo sola, si voy a hablar 4 horas seguidas necesito estar en silencio antes. Doy las clases en el Círculo de Artistas, lo paso fenomenal, conozco a gente interesante. Luego me voy con una alumna a tomar algo y me cuenta una historia impresionante, varias para ser exacta, sin conocerme de nada. La literatura está en la calle, en la gente, en mitad de un río en Mozambique donde se cae un coche y una salva el pellejo contra todo pronóstico, el agua entrando a borbotones, las puertas que no se abren, las ventanas cerradas, mientras que un hombre de veintiocho años tiene un accidente en mitad del campo malagueño teniendo tiempo para llamar por teléfono. Cuando llegaron estaba muerto, sólo una gota de sangre en el oído, el cuerpo intacto.
Vuelvo a Madrid el sábado, llueve otra vez. Ronda me ha gustado mucho, ese tajo que atrae al vacío, los vencejos arriba, nubes corriendo, fresco. He paseado por Sevilla. He tenido tiempo de estar con gente que quiero, no toda, no siempre se puede. Estoy contenta.
(9 - 12 junio de 2010. Escrito en mi cuaderno a la vuelta en tren, mientras jarreaba de nuevo. Pasado al blog en Madrid el domingo 13 anocheciendo).
lunes, 7 de diciembre de 2009
Epicúrea en Jaca (La barriguita cervecera de Adán)
Como en Madrid con una amiga, M., que, como es de las buenas, me da caña. Me asesta un “no eres nada epicúrea” y, no sé por qué, me agarro un mosqueo del diez. Comenzamos una discusión sobre si disfrutar con cabeza y pensando en los demás es disfrutar o no. Vuelvo a casa y la pulsera de cuarzo que me regaló Víctor, el hijo de Olga, para incrementar la consciencia debe de funcionar: si te enfada tanto algo de lo que te dicen ... debe de contener una parte de verdad. Así que decido reformarme y ser un poco más epicúrea, intentarlo al menos, vamos a ver cómo va. El jueves 3 tengo la cena anual de Dircom. Me da una pereza mortal pero voy con Rose, antigua jefa mía y amiga desde hace diecisiete años. Es en la torre Espacio, una de las 4 grandes al lado de La Paz, piso 44, vistas impresionantes. Como me suele ocurrir lo acabo pasando muy bien, me río mucho con mis compañeros de mesa, el jamón era ibérico de verdad y el vino estaba estupendo. Del postre de chocolate, mi perdición, me tomo el mío y el del marido de Isabel, antigua compañera y también jefa y amiga. Evaluación del epicureísmo, 6 sobre 10. Si la razón no fuera laboral la puntuación final sería más alta.
Me invita Rose a irme con su familia a Jaca este puente. Le digo que no, tengo que trabajar. Además viene Álvaro a colgarme los cuadros que los tengo todos por el suelo, he tenido viajes y no ha podido ser hasta ahora. Llegó a mi casa el miércoles y se me puso a organizar “Y además unas baldas, vamos a Ikea juntos el sábado”. Me eché a temblar, sábado en Ikea y con Álvaro, que es hiperactivo, ay. Me llama M. y me ofrece ir también con ella y con T. a Jaca, le digo que no, que Rose también me ha invitado y todo el plan de labores pendientes que tengo para el puente. Se ríe de mí y me recuerda mi falta total de epicureísmo. Maldición, otra vez no, así que decido de nuevo rectificar. Álvaro, paciente, me dice que puede venir el martes en vez del sábado, llamo a Rose y me embarco en el plan. Epicureísmo: vamos avanzando, al menos me quisiera presentar al parcial.
Salimos de Madrid el viernes por la tarde, parada en Huesca a las afueras para cenar en un MacDonald, vamos con niñas. No doy crédito, 300 personas, es el caos, es la antesala del infierno, todas a por un Big Mac. “¿No querías experiencias nuevas?” Rose se muere de risa ante mi cara. Epicureísmo: sin evaluar. No ha lugar, francamente.
Jaca no tiene que ver nada a lo que yo recordaba, este fin de semana será de comer, dormir, de amigos y hablar. Para empezar me pone en el cuarto con sus hijas, me rodean veinte peluches, me siento como uno más. Rose nos cuenta un cuento para dormir que no está nada mal, pero la que se queda frita soy yo, no sus hijas, en fin. Epicureísmo: del infantil, 7 sobre 10.
Resto del fin de semana: una película muy divertida, estilo Roal Dahl, "Stardust", me encanta; una de un perro que se muere al final y con la que la que lloro una jartá; otra de amor y lujo, ésta todavía mejor. Y el domingo para rematar tras un paseo por el compo, románico en vena, subimos a San Juan de la Peña y allí me olvido de epicúreos y de todo, la verdad. Hace un frío otoñal, es como hay que ver el románico, con frío, unos cristóforos en la entrada preciosos, unas cariátides (ellas) que sostienen una barbaridad (me recuerdan a muchas amigas) y en el claustro en cada capitel varias historias del antiguo o del nuevo testamento, una maravilla. Un Adán con barriguita cervecera y ojos grandes y expresivos se lleva una mano a la garganta tras comer la manzana mientras con la otra intenta taparse sus vergüenzas. Claro que ya da igual porque el Maestro de Juan de la Peña le había colocado una estratégica hojita. Me hace sonreír este Adán, le siento cercano. Y luego el sueño de San José, con su gorrito y todo el hombre está en la camita y el ángel que le habla.
No he hecho nada de lo que tenía que hacer. Ahora vendrá el tío Paco con las rebajas (clientes pendientes, quien me corrige lo que escribo que me dirá si estoy en Babia o qué porque no avanzo, 20 horas de clase sin preparar, etc.,etc.). Pero me da igual, lo he pasado tan bien con Rose, con Alfonso, sus niñas y sus amigos que no tengo más que agradecer. ¿Epicúrea yo? Uf, ya no sé, me voy a quedar en románica, que es más moderna (en el tiempo solo) y a la vez me va mucho más.
Con esos ojos bien abiertos de Adán, impresionado, ay lo que he hecho, ay.
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