Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

jueves, 23 de marzo de 2017

Lectura furtiva de Katherine Mansfield

Por espacio y por dinero -no tengo estantes suficientes ni tampoco puedo gastar demasiado- utilizo mucho los servicios de la biblioteca pública de Ávila, la del Epíscopo. Es una buena biblioteca atendida por bibliotecarias sonrientes y amables, diría que algo excepcionales, y no por el trabajo que hacen (rara vez me he encontrado con una bibliotecaria que no fuera simpática), sino por la ciudad donde se encuentran.

La muralla dice de Ávila para lo bueno y para lo malo. Toda mi vida pensando lo antipáticos que éramos en Valladolid, lo secos, para darme de bruces con el carácter abulense. Dices buenos días y no te contestan, sonríes y no te devuelven la sonrisa, en el comercio parece que molestas, te ignoran sistemáticamente. Quizás puede ser algo de timidez encubierta, un modo de respeto o de estar a lo suyo, una forma de defensa. Aquí es difícil pegar la hebra o sentirte parte de la vida de la ciudad si eres, como ellos dicen, de fuera. Hay sus excepciones, claro, pero en líneas generales mi experiencia es esta.

Además de sacar libros en la biblioteca observo y leo. Se está estupendamente, hace calorcito en invierno y fresco en verano, y un trasiego tranquilo de gente que va y viene, pero sobre todo de gente que se queda.

A mí me gusta leer en la biblioteca y dejar luego el libro para ver si cuando vuelvo nadie lo ha cogido y puedo seguir leyéndolo. Lo llamo lecturas furtivas, son de una hora o menos, y tienen algo de aprovechar el tiempo y el riesgo de no poder seguir leyendo otro día porque el libro desapareció por un préstamo.

No sé por qué lo hago, realmente sería más cómodo sacar el libro, pero he comprobado que esas lecturas suelen ser más constantes y fieles que el libro que saco y dejo en la mesilla durante días sin leerlo.

Ver un libro en casa, aunque sea prestado, me da la falsa seguridad de que podré leerlo. Pero ahí se queda el pobre a veces tiritando sin que pueda abrirlo o acabarlo, abandonado en una pila que no hace sino aumentar con otros libros que no leo. Cuando quiero darme cuenta se me ha pasado el plazo para devolverlo.

Leer además en nuestra casa resulta difícil a veces, siempre creo que tengo algo hacer que parece más importante o urgente, hay ruido, interrupciones, la perra, las gatas, Gonzalo, el trabajo, la cocina, etc.  (no en este orden, por supuesto).

Así que ya sé que si quiero leer algo realmente son esas lecturas furtivas mías en la biblioteca el modo más seguro de hacerlo. Así he leído varios de Jiménez Lozano y he conocido a Katherine Mansfield, a base de visitas a la biblioteca. No pueden ser muy largos los libros ni tampoco ser una novedad, aumentaría el riesgo de no tenerlos cuando vuelva, así que escojo cuidadosamente y, hasta el momento, he podido acabar siempre mi lectura furtiva del mes.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Tantos días de sol

Esta es una ciudad fría que te sorprende incluso en mitad de agosto con unos días heladores, impropios del verano. Pero también es una ciudad con muchos días de sol. No soporto el calor, pero cada vez necesito más la luz, por eso me gusta tanto Ávila.

Tras más de dos años con la cámara que me regaló Gonzalo -cuyo manual de instrucciones sigo sin leer- me he puesto a ordenar las fotos de pájaros en el ordenador.

Clasifico por especies conocidas, las más habituales que veo, las que tengo claras y he fotografiado mucho en Ávila o Carnota: tarabillas, colirrojos, herrerillos, carboneros, garzas, grullas, jilgueros, gorriones (sí, ahí todos juntos: comunes, morunos, molineros), pinzones, cigüeñas, cormoranes...

Hay luego otras carpetas con camachuelos o alcaudones donde solo tengo un par de fotos. Fue fácil reconocerlas aunque solo las haya visto una vez.

Pero los archivos más abundantes son batiburrillos desordenados que titulo "escribanos y otros", "aves del mar y otros". Así tengo varios.

En esos cajones de sastre descubro nuevos pájaros. Una collalba, por ejemplo, que me había pasado desapercibida en Carnota. Unos que creo una pareja de pardillos en Ávila, él ya con esa mancha roja que le sale en el pecho a los machos en primavera.

A mí antes la primavera no me gustaba tanto. Prefería el otoño. Pero ahora disfruto más de los pocos días de primavera que tenemos en Ávila antes de los rigores del verano. Son de quince a veinte días de verde intenso en el campo, con cierto atraso respecto a Madrid o El Escorial, para pasar luego al amarillo, los pardos y ocres y el verde encina tan elegante.

Hago cuentas y caigo en que, en cualquier estación del año, los días de sol aquí son más que los nublados.


lunes, 5 de octubre de 2015

El encanto de no tener que caer bien ni a todo el mundo ni todo el tiempo (inventario de antipáticos ilustres y cómo lo hicieron)

Llevo años pensándolo. 

Como me pasa con otros temas, fantaseo con la idea de escribir un libro sobre el arte o el encanto, la liberación desde luego, de no tener (ni querer) caer bien ni a todo el mundo ni todo el tiempo.

El libro tendría un suculento capítulo sobre antipáticos ilustres. Bueno, no antipáticos en  sentido estricto, pero gente que ha pasado 100 pueblos de tener que conseguir gustar, desde San Pablo a Fernando Fernán Gómez.

Que ha vivido libre, en definitiva, y ha dicho y ha hecho -sobre todo lo último- lo que cree en conciencia que tiene que hacer o decir, no lo que genera más aceptación o más asentimiento, o más simpatía general. O más retwits. O más lo que sea.

Sí, sé que hay muchos matices y que, aunque no se pretenda gustar, es bueno ser amable. Más que nada porque ser amable es bueno, no porque se hagan más "amigos" con eso. Y que comunicar en muchos campos es fundamental, sobre todo si por comunicar consideramos no sólo decir (persuadir, más bien), sino escuchar.

Sobre la escucha y el silencio tengo otro libro pensado, pero como no tengo tiempo tampoco lo escribo, solo fantaseo.

Algo hacemos mal cuando el parecer de los demás, que tan fácilmente es manipulable, sustituye e importa más que ser y hacer.

Las redes sociales no han hecho más que añadir leña a todo esto y te lleva más tiempo atender a éstas y analizar qué dicen, cómo lo dicen, etc... que hacer algo realmente. Lo sé porque el 60% de mi trabajo profesional es más esto que otra cosa. Y estoy muy cansada. Y no me creo ya nada de nadie. Bueno, solo lo que dice el Credo.

Esto de que el foco sea hoy lo que otros piensan (supuestamente) de ti  y no lo que haces o eres, en política es evidente. Pero es que también lo veo en otros lugares.

Hoy lo comentaba con una amiga. Le decía que a mí me parecía que la mirada sobre Santa Teresa es más limpia cuanto menos (pretendidamente) religioso es quien habla de ella habitualmente (hay excepciones, bobos hay en todas partes).

Y me decía ella  "porque no pretenden contentar al respetable "de enfrente". Dicen llanamente lo que piensan". Y es que con la sana intención -asumo- de atraer a quienes no son creyentes, se dicen cosas tan hilarantes como que Santa Teresa era  feminista, o sería empresaria hoy si viviera. Bobadas quizás para hacerse con un público que Santa Teresa, por cierto, no necesita. Porque ya lo tiene. Y lo tiene precisamente porque no tiene que caerte bien. Ni lo pretendía ella. Prefiero pensar que se pretende eso -atraer a la fe, la buena nueva hay que comunicarla de modo que se entienda- a que realmente se piense o se reduzca a Santa Teresa a eso y que nos conformemos con la mirada "del mundo". Era mucho más: era una santa y escribía, además, de muerte. Creo que hay una sutil diferencia entre que te entiendan a acabar hablando en un lenguaje que es el de las audiencias y para lelos.

Lo dicho. El discreto encanto de la antipatía. El arte de no tener que promocionarse siempre. La virtud de ser el tipo que nadie quiere tener por amigo últimamente. Seguidores cero.

Qué libertad, madre, qué libertad más estupenda.



domingo, 4 de octubre de 2015

Vidas pequeñas

Acabó el verano de acogida con sus alegrías y su cansancio. El otoño se inicia con un bajón de ánimo. Santa paz, trabajo, dormir (intentarlo al menos) y  pensar en silencio. Y sobre el silencio.

"Más bajo, por favor". Una petición para que el estruendo y ese runrún constante de la interrupción, no sólo sonora externa sino interna, deje paso a observar qué sucede.

Y suceden muchas cosas buenas.
Atenta a las vidas pequeñas.

Las de las niñas allá en Ucrania, tan lejos. A veces lo mejor que puedes hacer por alguien es rezar además de mandarles ropa, alimento, escribirles y agradecer a su madre su  enorme sacrificio. Sé qué tiempo hace en Rokytne, cuándo llueve, como sé también el tiempo de Londres y Salamanca y de otros cuantos puntos geográficos estratégicos, allí donde tengo a gente que quiero.

Día 2 de los Santos Ángeles Custodios seguido del día 3, Día Mundial de las Aves. Va de aladas presencias, mensajeros de Dios ambos.

Y hoy San Francisco de Asís, il poverello. Más pequeño es más grande en el cielo.