Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 14 de octubre de 2008

Corazones Sagrados

Tomo el título prestado del libro de cuentos de mi hermano, todo queda en familia y sé que a él no le importará.

Día completo ayer.

Tras Hacienda paso a ver a viejos amigos a los que quiero mucho. Me aconseja Alberto ir a ver una película a la que no iré. Sé que voy a sufrir y ahora mismo no estoy en el momento apropiado. Ya me la han recomendado otros amigos, y encima me encanta la Scott Thomas, pero lo dejaré para otra ocasión mejor. Ahora estoy para películas de amor y lujo y, si el segundo no es posible, por lo menos amor.

Me animaba el otro día alguien a ir al teatro a ver a la Fura. Educadamente le dije que, si no le importaba, prefería ir a ver otra cosa. Le sentó fatal, no sé muy bien por qué, y me solto que claro, mejor no ir a la Fura porque "podrían hacerme pensar". Le pedí que no fuera tan serio ni que se lo tomara a mal, pero que yo creo que algo pienso todos los días e incluso que es posible que me paguen por ello. El artista como azote del burgués me aburre y me dice más bien poco. Y un tipo que me quiere educar como espectadora concienciada me parece de temer. Dama hace mutis por el foro y pasamos a escena IV.

Llego a la oficina y compruebo que hay gente que sabe lo que es el corazón humano, desde luego el femenino y creo que también el masculino. Y no es poner azucar, aunque en el fondo sí, es dar en diana donde está el centro de cualquier persona que se precie de serlo: en el corazón.

Por eso hay gente que sabe hacer resonar las cosas: porque o resuenan en el corazón o no resuenan. También a veces en la risa, a veces las cosas resuenan ahí también.

Me llama Juan, poeta, escritor y profesor, hacía tiempo que no sabía de él. Es bueno en todos los sentidos de la palabra. Me pide que sea la tercera, espero que no es discordia, para la presentación de su libro. Leí un primer manuscrito hace tiempo, pero no me acuerdo y además lo ha cambiado, me lo volverá a mandar. Va sobre la familia. Tema, más bien vida, interesante. Como no me fío de mi criterio o, mejor dicho, me fío de mi criterio, pero pienso que es posible que no coincida con el suyo o, no sé, lo que se podría esperar de mí, le comento que le enviaré antes lo que pienso que puedo decir a la vista de su libro y de lo que yo vea en él para su aprobación.

Dudo, tengo muchas dudas, porque, entre otras cosas, puedo hablar sólo desde una experiencia limitada de hija, hermana, nieta y hasta de tía o cuñada. Hombre, sería original presentar un libro sobre la familia hablando de las cuñadas... quizás sea un modo de afrontar esto.

Dudo, porque no quiero lugares comunes, me espantan. Dudo, porque me gustaría hablar con el corazón y no sobre un guión aprendido. No sé decir no a un poeta, aprecio a Juan, pero me da miedo no encajar, hacer un mal papel y, a la vez, no quiero hacer algo para salir del paso y ya está. También sé que no diré nada original o mejor que otros. Eso también.

Pasa la hora de comer y sé que todas las compañeras tenemos el corazón con Natalia que va a una ecografía clave. Venimos juntas hacia mi zona, tiene al médico en mi barrio. Rezo, sé que rezamos todas. Pasa el tiempo, no queremos ni preguntar si sabemos algo, y a eso de las cinco recibimos un sms cada una: la niña está bien. Lloraron ella y Alberto, no son los únicos.

Termino las clases que tuve que preparar dos veces porque las perdí en el espacio virtual por no guardar el documento. Llego tarde. Miro a Trini, a Marina y a las demás, mis corazones sagrados. No puedo menos que contarle a Marina andando de vuelta a casa parte de mis inquietudes, es amiga, es, sobre todo, amiga.

Luego por la noche al llegar a casa y tras cenar con mi madre tejo ese habitual hilo de afectos que viajan por el teléfono. Llamo a un amigo "incipiente" con el que me encuentro cómoda. Luego a otros de hace ya muchos años. Rosario parece que está bien, Vasiliki no, Miriam me cuenta que Vicky no está mejor -sin falta hoy llamo-, Marta sigue con la marquetería y el chino, Alvaro nos invita a bailar por su cumpleaños.

Cada amistad necesita de su tiempo, espacio, ritmo y calor, las cuatro cosas. No hay dos amigos, dos amigas, iguales. No se forjan o se mantienen del mismo modo. La amistad tiene algo de artesanal por mucho que cierta materia prima sea común. Sí, también es un trabajo del corazón, un lugar de resonancias o ecos mutuos.

El corazón no es hojarasca sentimental, es algo más profundo, es el centro, un corazón inteligente y libre, por eso humano.

Me duermo antes de las once, me despierto desvelada demasiado temprano pero no estoy cansada. Olimpia ronca y sueña que está cazando algo: se le mueven las patas.

PD: Rosario, mañana más Les Luthiers, hoy es un canto de buitres ("ningún animalito nos parece mal cuando nos llega el hambre y tenemos que almorzar": me identifico mucho con esa frase) Y Van Morrison, el viejo León de Belfast, precisamente porque hoy es un día de esos...



lunes, 13 de octubre de 2008

Por fin ya es lunes + Vd.


Me encantan los domingos, pero también los lunes. Soy rarita, lo sé.

Lunes, lunes, qué mal se te quiere.

Pero gracias a ti tenemos normalidad y rutina en nuestras vidas, el laburo que dicen los argentinos suele comenzar contigo y acabar con el demasiado aclamado viernes. Cría fama y échate a dormir, eso le pasa al viernes. Demasiada reputación para luego ná.

Tú, lunes, estás aquí calladito, tras el domingo familiar y a veces bullanguero, otras melancólico, esas tardes de la infancia sabiendo que no habías estudiado mientras oías el fútbol a lo lejos.

Se te quiere, lunes, yo por lo menos te quiero. Y antes que yo ya te cantaban los Mamas and the Papas, siempre hay otros que lo han dicho antes y mejor que uno: eso también está bien. Soy como tú, lunes, sé que no voy a decir nada nuevo y sonrío.

Iré a Hacienda, sacaré la firma digital, pagaré mis impuestos, trabajaré luego y comeré pechugas de pollo e hinojos.

¿Hinojos?

¿Quién dijo Hinojos?

Hinojos con bechamel que prepará el sábado, sabor a anís y espíritu oriental, algo de Marco Polo en el plato, qué se yo. Hasta tú, lunes, puedes dar sorpresas.

Y otra sonrisa antes de empezar.

domingo, 12 de octubre de 2008

Reconocer


Veo que la perra se me adelantó esta mañana, qué le vamos a hacer. Me ronda desde las seis pero yo a lo mío: dormir es sagrado.

En el fondo tengo mucho que ver con Olimpia. Como a ella, me gusta oler por las esquinas, puedo estar ciega (miope, hipermétrome, todo junto), pero tengo buen olfato, soy una exploradora nata y una vez que me sé un mapa voy siempre más allá.

A veces los mapas se mueven, esa es otra.

¿Qué hay tras esa loma? ¿Ese río se puede vadear por algún lado o no?

Es posible que hoy no lo sepa pero tras unos cuantos fines de semana habré reconocido el terreno y hasta es posible que me haya hecho con otro mapa, el 433 en la Casa Verde de Madrid, para averiguar dónde narices estoy.

A veces, las más, levanto yo misma el mapa, me sirve el mío, no el de otros.

Al olor.

Reconozco como Olimpia al olor quién tiene miedo o quién no lo tiene.

Reconozco también que hay olores muy familiares, más bien afines. Son de quienes yo considero que pueden ser parte de la manada, de "mi" manada no en el sentido de propiedad -nada tengo, mucho menos una manada- sino de con quién cazarías en luna llena o te tomarías unos vinos. Nada más, nada menos.

Con todo no reconozco un macho alfa, ahí sí que no, no sigo a nadie. No sería yo.

Pero reconocer es algo fantástico, en todas las acepciones del verbo.

Reconocer que alguien te hace pensar, reir, sonreir y muchas veces hasta llorar. E incluso no estar de acuerdo.

Que hay músicas que no son la tuya, pero están bien, suenan bien, aunque todos desafinemos alguna vez o aullemos por un dolor presente o pasado, o de rabia.

A veces simplemente a la luna ahí, tan hermosa, tan sola. Y ahí que están los lobos, aullándola, adorándola.

Reconocer la sabiduría de un lobo más viejo que tú no por edad, por experiencia vital. O por otras cosas. El ojo penetrante, el colmillo incisivo, lobo plateado, a veces cansado y nómada.

Reconocer que con tres palabras o una foto bestial hay gente que dice mucho más o cosas mucho más interesantes que tú con doscientas. Es una gozada leer al tal Driver en blogs variados, ver en otro las fotos de nubes -esas si son de Master- de un tipo totalmente desconocido para mí. Reirte y mucho con Suso. Comprobar cada mañana que aunque Modestino "amenace" con llegar a poner las Cántigas de Alfonso X el Sabio en su afán de revival este jurisconsulto tiene algo, mucho, de verdad.

Reconocer eso: la verdad. Venga de donde venga, la diga quien la diga.

También la bondad, que la hay, pero sin aspavientos. La maestría al escribir o al vivir. La valentía también. Siempre. El corazón que late.

Y junto a ese reconocer, queda mucho más fuerte eso otro, para mí fundamental, que trapasa internet y toda su frialidad.

El olor.

El permanente olor a vida sin pretensiones, a vida pura y dura, el olor de otros lobeznos, lobatos, lobillos, pero nunca, nunca, perros falderos ni a las órdenes de nadie.

A la derecha está mi lista de blogs, gente a la que leo de manera más o menos habitual, yo vivo con un portatil al hombro. Irá creciendo, quizás cambiando, a medida que avance en tecnología (soy un desastre), mi exploración y encuentros fortuitos.

Eso: lobos a los que reconozco, en quienes a veces también me reconozco cuando se rascan las patas o se les doblan las orejas un poco para adelante. Al olisquear el viento.

Reconocer. Reconocerse. En todos los sentidos de la palabra. Podrá haber peleas o desacuerdos, canciones a una luna que no es la mía, pero son lobos. Como yo. Y les doy las gracias.

Vida perra, II. Pienso, luego existo.


Buenas, buenas, aquí estoy de nuevo, recién lavadita y con cara de buena.

Ayer mi ama tuvo un ataque de esos de posesión doméstica que le entran y donde no hay exorcismo posible: una actividad frenética, mercado primero y cocina en avanzadilla para toda la semana, no vaya a ser que se acabe el mundo. Al acabar de comer me miró y le dijo a Josianne "Y ahora voy a lavar a ésta en casa, que 35 euros es una pasta y estamos en crisis". Dicho y hecho, intenté escaparme, pero dos mujeres con una idea firme en la cabeza no son fáciles de placar. Y ahí que me metieron en el baño. Descubrieron que no tengo nada en contra del agua... si es caliente. Y muertas de risa comprobaron que me quedo muy quieta si el agua, mmmmmh ¡qué gustito!, está a temperatura agradable. Al final no estuvo mal, ellas se quedaron contentas con su hazaña y yo las dejé hacer. De vez en cuando tienen que tener la impresión de que el hombre -en este caso, la mujer- manda sobre el perro, luego hago lo que me pete. Tomen nota. Hacer como que te sometes, darles una pequeña victoria para que estén contentas, y luego... a tu bola. Es mi lema.

Pienso luego existo. Esto va de comida. Pienso = bolitas esas horrorosas pero necesarias para que yo exista. A mí lo que me gusta es la comida de los humanos, por eso me encantan los sábados, por eso estoy siempre en mitad de la cocina, mirando ahí a ver si algo cae: unos restos de huesos, unas cabezas de gambas, incluso patatas crudas, me encantan las patatas crudas. Mi ama se olvida cada dos por tres del pienso y mira que se lo dicen "Que tendrás que ir comprando el pienso porque ya queda poco". Y ella "sí, sí, me paso esta semana". Luego se lía y cuando no queda pienso entonces, sólo entonces, me dan lo que a mí me gusta: restos de la comida, arroz, legumbres, comida real, comida para una perra como yo, por Dios, no esa cursilada del pienso que no sé yo quién lo invento que es como si les hiciéramos a los humanos estar todo el día a cornflakes.

También me gusta cazar, es un decir, mi propia comida. Y no porque sea especialmente hábil, que soy torpe y me echo a llorar de desesperación cada vez que salimos al campo y veo que se me escapan a cientos los conejos. Pero a veces hay suerte y hay alguno más lento o simplemente ciego y allí que voy ya: zas. Lo cogí, le tengo mordido, realmente no estoy muy segura de si debo seguir o no, pero el instinto está ahí y yo lo sigo. Mi ama se enfada porque los dejo alelados y no los remato, y ella considera que eso sí que es cruel: no comérselos y dejarles heridos.

El otro día nos dimos una vuelta por el campo y volví como nueva. Estuvimos de visita en una casa con una perra de esas de raza total, una princesa rusa que parecía la tía, fue entrar en el jardin ese de la zarina y decir, yo aquí viviría. De hecho tomé posesión en cuanto llegué. Una casa preciosa en medio del campo, jardín chiquito pero estupendo, olores por doquier, cantidad de terreno fuera para la exploración que es otra de mis tareas favoritas. La exploración es otra misión perruna que pone a algunas amas un poco nerviosas si te entretienes un poco... Pero, narices, es como si la mamá del Doctor Livingston le dijera a la vuelta de Africa "Tardaste un poco en encontra las fuentes del Nilo". Y no, tía, que cuando se explora hay que tomarse su tiempo, el fin no es tanto encontrar como reconocer...

Soy una perra, me paso la vida trazando el mapa de olores y el de mi vecindario urbano lo tengo ya archisabido, necesitaría un mapa nuevo de terra incognita, vamos a ver si convenzo a mi ama.

Vida perra. El domingo se presenta tranquilo. Mi ama duerme a pierna suelta, pero yo tengo ya que salir, pero ya, Vdes. me entienden. Una perra tiene sus necesidades, esas cosas que nadie puede hacer por nosotros.