Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 7 de octubre de 2008

Elimine los debería, dijo la Doctora

Esto va para un amigo, que me ha escrito, y que animo a que haga... lo que quiera.

Hace unos años fui a un médico, me encontraba fatal anímicamente hablando, era ella experta en medicina psicosomática pero yo no sentía mejoría a pesar de las pastillas. No pasa nada, los médicos no son Dios y faltaría más que tuvieran que acertar a la primera.

Cambié de médico (una genial, al que quiera se la mando) y sin pastillas ni nada dio en diana. "Elimine Vd. los debería". Palabrita del niño Jesús, desde entonces me encuentro mucho mejor, aunque como los gremlins, que son legión, los deberías están ahí fastidiando la vida.

Hombre, ya sé que uno no va a hacer lo que le pete en cada momento. Idiota no soy, y sí bastante responsable. Pero creo con toda honradez -qué tontería, si crees en algo es siempre con honradez- que vivimos en muchos casos en un reino de deberías que nos amargan la vida y que amargan la vida a los demás.

El coaching luego me ha confirmado que mi "saboteador interior" -no mi conciencia, mi conciencia es algo mucho más serio y más profundo- se llama debería. Y ahí estamos, debería y yo a la greña, a veces dialogamos un poco, luego le mando a paseo.

Le he puesto un loft en Fuencarral, son muchos años juntos, y no le quiero mal, es tiempo de que descanse un poco y se vaya de copas. Ha trabajado mucho y merece jubilarse.

Sucede así con mucha gente. Un hermano mío hace haikus y con ellos define a miembros de la familia. El suyo es "Tengo una china en el zapato. Estoy muy incómodo. Pero en el fondo me encanta tener una china" o algo así.

Los debería funcionan así. Como una china que necesitamos tener en el zapato. Nos machaca, pero sin ella como que no seríamos nosotros, te has podido llegar a acostumbrar a una china, la vida es así.

Y es au contraire, de verdad.

Insisto. Debería no es la conciencia. De ninguna manera. Es que algunos y algunas hemos crecido, por razones diversas, como con la sensación de que hay que tener deberías en la vida y pensamos que eso es lucha interior, marcarse metas, querer ser mejor, tener objetivos, tener una carrera, saber de qué va esto o mil historias más, muy variadas. Como "Los 7 hábitos de la gente altamente eficaz", hay cosas que son herramientas pero no pueden, no deben, ser el hardware, ni siquiera el software vital.

Y es una pena, porque cuando habla debería pensamos que habla nuestra conciencia. Y ni de broma.

Mi conciencia habla antes y mejor si quito los debería que la ahogan. Por lo menos la mía.

A veces hay tantos deberías que no puedes ni oirla, que es lo que pasa: con los debería no se la oye, estás muy entretenida con "debería hacer la tesis", "debería llamar a X", "debería terminar esto", "debería acabar aquello", "debería dejar de fumar", "debería adelgazar", "debería no ser tan...", "debería ser más..." son legión, insisto. Cada uno tiene los suyos. "Debería rezar más", "debería pensar más en los demás", "debería ser más ordenada", "debería ser más cariñosa", "debería no enfadarme con mi madre", etc. etc.

Hay tardes de esas que es como que te preguntas: ¿no tendría yo algún debería que hacer, en el que pensar, con qué machacarme? ¿algo que he atrasado, que no he hecho, que tengo pendiente? Como que te falta algo si no hay un debería en tu vida a corto, medio y largo plazo, varios deberías.

Vale, ok, a veces la conciencia parece que dice algo similar, pero no son deberías.

Yo no siento mi conciencia como una china en el zapato, yo la siento como una voz interior real, que sabe de qué voy y quién soy.

Y no me dice deberías, me habla de otra forma. Y no es que sea menos exigente, es que canta otra canción. Es otra música y otra letra.

F., escribe si te hace feliz, si te lo pasas bien, pero por Dios bendito no pienses en que deberías ... Por Dios, por Dios, ni se te ocurra. Disfruta el relativo barbecho de unos días o de unos meses o de unos años. Digo relativo porque, jolín, que con cuatro hijos y uno en camino y una consulta y 300 historias más... ¿no crees que es tiempo de que dejes los deberías?

Y espero que tampoco escribas "porque te lo dicta tu conciencia": la conciencia no dicta. Y menos escribir.

Pues eso, nice and easy...

Sobre Omar Sharif


Dije que hablaría de mis amores. Y Omar Sharif ha sido uno. Que conste que le vi en persona, pero en persona-persona. Su sobrina vivía no sólo cerca de mi casa, que mira que ya es casualidad, sino también fue mismo colegio que yo. Increíble pero cierto. La sobrina de Omar Sharif fue a Montealto, siempre digo que la vida puede ser genial. Una vez fue a buscarla al cole y allí que le vi yo: impresionante.

Como es fácil de entender mi cuelgue con Omar Sharif no es tanto del actor como del personaje del Doctor Zhivago. Era yo muy pequeña y me llevó mi padre al cine a verla, como me llevó también a ver "Odisea 2001 en el espacio" y me tuvo que sacar porque lloraba sin parar: me daban miedo los monos, o sea, me perdí la peli desde el inicio. Aclaro: tenía 6 años y mi padre tuvo siempre unas ideas bastante peculiares sobre qué nos gusta a los niños. Tengo que decir que a veces acertó de pleno y que le agradezco mucho que me llevara a ver cosas raras y me comprara libros impropios incluso para niños.

"Qué bonito es Rusia, papá"... le decía yo bajito. Y él a mi lado "No es Rusia, es Soria". Pues eso, que Doctor Zhivago fue rodada en Soria y que esos campos nevados primero y de flores amarillas después que vimos o vemos ... es Soria. Tenemos un país que no nos lo merecemos.

Yo creo que no entendí nada del adulterio, vamos, que ni me di cuenta. Un amigo de mi padre le recriminaba a él y a otro amigo suyo su afición por la película en cuestión. Le parecía poco moral, mejor dicho, nada moral. "Hombre" decía mi padre, "es que Lara es mucha Lara". Mi padre fue siempre un hombre comprensivo con las debilidades humanas, especialmente si eran rubias. No dejó de ser un hombre justo, que diría la Biblia, por eso.

Digo que no me enteré pero creo que me enteré de lo más importante de la película: ese momento bestial del viaje en tren de Zhivago con su mujer, su hijo y su suegro. Como ganado iban. Klaus Kinski era un anarquista encerrado en el mismo vagon. Días conviviendo como piojos en costura, echando desinfectante y abriendo al frío helador de vez en cuando las puertas para ventilar algo. Pues en un momento de esos, en una noche terrible, Yuri abre un pequeño ventanuco y es capaz de ver lo hermoso de la vida. Una luna se desliza, su luz entra, en medio de la mugre, el dolor y la desesperanza. Y él es capaz de ver la belleza escondida tras el desastre.

Desde entonces estoy enamorada de Sharif, digo Zhivago, aunque ya he dicho que lo sustituí más tarde por Sean O'Connery y luego por Viggo Mortensen. Sólo me queda hablar de Sean y acabo la trilogía imaginaria, nunca mejor dicho.

He intentado encontrar la escena en cuestión pero no hay manera. Escojo la de "La vida privada ha muerto". Tampoco está mal, nada mal. Por cierto, la próxima luna llena es el 14.

Impostora y, encima, pirata

A veces tengo un sueño recurrente que tienen también mi madre y otros miembros de la familia: no hemos acabado la carrera y estamos engañando a la gente. Tenemos una o dos asignaturas pendientes, no tenemos el título, estamos ejerciendo de extranjis.

Diré más, en algunos casos no es un simple sueño, es que piensas realmente que no tienes ni idea de lo que estás haciendo, con título o sin él.

Un tío mío médico cordobés caía en las más oscuras depresiones pensando que era un impostor, que había engañado a pacientes y que no sabía nada de medicina.

Afortunadamente yo no tengo depresiones, una patología familiar de la que me he librado por ahora. Sin embargo, de vez en cuando, devuelvo hasta la primera papilla cuando tengo que enfrentarme a una tarea nueva para la que sé que no estoy preparada.

A veces ni siquiera es nueva, es algo que llevo haciendo ocho años y donde precisamente hay que mostrar una seguridad aplastante, poner cara de que tú sabes perfectamente dónde estamos, dónde hay que ir y cómo hay que hacerlo. Me gano la vida entre otros menesteres con la consultoría. Si no quieres arroz, taza y media.

Viajé ayer a las 6 de la mañana a Barcelona, gran cosa el Ave, lo malo es el cuerpo que te pone levantarte a las 4.30. Presentación en solitario ante un cliente del que sólo sé que no sé nada tras 4 meses trabajando para él.

He nacido de pie y un angel de la guarda me protege no sólo cuando me atracan, digo que no, y el tipo ve cómo me alejo pistola en mano y ni dispara, sino en todas las pequeñas cosas de cada día como la de ayer.

El cliente quedó contento pero les dije la verdad: "no sé, perdonadme pero sé que no sé. Y que lo que os muestro es algo que posiblemente ya sabéis. Simplemente pongo un poco de orden para que se entienda mejor" . Les debo de hacer gracia porque quieren continuar. Yo a veces alucino.

Como cuando empecé a dar clases en la universidad y vomité toda la noche anterior de un ataque de responsabilidad o de sinceridad, éste fue uno de esos días que se saldan felizmente pero que mi cuerpo se rebela a fondo: eché hasta bilis.

No pude ni ponerme con este blog que revisé en el tren. Han desparecido todas las canciones que coloqué en cada entrada ¿alguien sabe qué ha pasado con Goear y cómo solucionarlo?

Además de impostora soy una pirata. "Ron, ron, ron, la botella de ron, pasad a cuchillo la tripulación" que cantaba John Silver.

sábado, 4 de octubre de 2008

Chantaje



El chantaje nos parece algo propio de "mala gente" que amenaza con revelar un secreto, un mal comportamiento, si no se cede a sus pretensiones. El chantajeado temeroso paga con dinero o de otro modo con tal de que, por ejemplo, no cuenten a su mujer una infidelidad. El que robó, traicionó o corrompió algo o a alguien pagará, callará o hará la vista gorda o un favor con tal de que su pecado no salga a la luz. El chantajista lo tiene cogido.

Pero hay otros chantajes en la vida que en algún momento podemos padecer o practicar. Son los chantajes morales o emocionales que, porque no somos ángeles, pueden tener lugar en la familia, en la amistad y el amor. Los niños, los jóvenes, pueden ser expertos chantajistas. Bien es cierto que no amenazan con contar oscuros secretos, no les hace falta. Lo hacen cuando son pequeños con el llanto -"si sales, lloraré y lloraré y patalearé"- y, también, con algo muy duro, con el "no te querré".

Me dice una amiga que ser padre o madre es estar dispuesto a soportar que un hijo te diga alguna vez que te odia, que no te quiere o, peor, que tú no le quieres, y seguir adelante haciendo lo que tienes que hacer: educarle.

Los padres también pueden chantajear sin querer, sin ser conscientes muchas veces, especialmente cuando, como los niños, son más débiles.

Habitualmente en este tipo de chantajes en la familia, la amistad o el amor, el chantajista es o se siente más débil y amenaza abierta o sutilmente por donde sabe que puede.

"Sí hijo, nada, que no pasa nada, que no vengais, si al fin y al cabo yo estoy sola como siempre...". A veces ni siquiera hace falta la queja verbal, basta con el tono de voz o una mirada triste.

El chantaje emocional, moral, se puede alimentar también por la falta de memoria. O se puede entremezclar con otras cosas.

Bajo la apariencia de servicio, de querer echar una mano, late imperceptible en algunos casos la necesidad de sentirse insustituible, importante, de ser el centro de gravedad o recuperar o mantener algo que tiene que ver con el poder, no con el cariño como pensamos.

El chantaje en familia o en el amor, como cualquier chantaje, no deja de ser un intento de limitar la libertad de las personas.

Es difícil querer y a la vez respetar y amar la libertad del otro, tener la finura de alma y la generosidad, también la inteligencia, de darse uno cuenta cuando se nos puede deslizar un velado chantaje y no querer nada que no sea de una mujer o de un hombre libre.

Al fin y al cabo todos queremos que nos quieran y podemos llegar a creer en la práctica eso de que en el amor y en la guerra todo vale. A veces el temor de que dejen de querernos, o de que no nos quieran o nos quieran menos, es tan fuerte, que posiblemente con buena intención y sin malicia empujamos levemente o con más fuerza al otro.

Son chantajes, pequeños o grandes, que nos pueden enredar o que tendemos al otro en la amistad, en el amor. Dar pena es uno, sacar la lista de reproches, todo lo que hice por ti, el inventario de lo que me sacrifico o me he sacrificado es otro fantástico muy utilizado y eficaz.

Identificar lo que es un chantaje emocional o moral es el primer paso para no caer o salir de él, también para no ser el chantajista o su cómplice.

A veces hay que decir con mucho cariño que alguien puede no tener razón en sus demandas y que es un chantajista. Aunque sea tu madre, tu novio o un amigo. O el de otro.