Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 8 de octubre de 2022

Estética y doméstica


 Es tan divertido aprender e intentar ver qué ha dicho esa disciplina para ti nueva sobre … ¿la casa?, ¿los alimentos y el modo de presentarlos? ¿la propia casa como experiencia estética? ¿O la casa –los alimentos, las cocinas, los cuartos de estar, los comedores, las mesas, etc.- como los han reflejado artistas, tal y como aparecen en diversas y conocidísimas (o no tanto) obras de arte?  

La primera experiencia estética que tenemos, creo, es la de nuestro propio entorno. Así que no creo que sea baladí éste. Desde unas sábanas a una sartén, desde una mesa bien puesta hasta un cuadro enfrente de la cama que me abre una ventana.

Recuerdo cuando una profesional de una casa de subastas vino a casa de mi madre. Habíamos vendido el piso, y aunque podíamos repartirnos gran parte de los muebles, otros por dimensiones o estilo no había manera de acomodarlos. Me contó algo genial aquella mujer.

“Tú tendrás unos muebles maravillosos”, le dije. “Pues es que tengo una casa muy pequeña, no creas”, me contestó, “y no gano tanto… ” (risas).  “Pero eso sí, duermo en sábanas del mejor algodón, ese lujo sí me lo he dado porque es algo de lo que disfruto muchas horas y es un lujo a mi alcance”.

Me pareció maravillosa la anécdota. Me dijo mucho de quien tenía delante.

Me debato entre mi amor por lo monacal (imposible con mi marido al lado, eso es así) y el estampado de William Morris. Me gustaría tener pocas cosas y buenas. 

Cada vez menos, más espacio. Cada vez más luz. Tirar y desechar. Me encanta tirar. Y no comprar. 

Repito los mismos colores con que estaba decorada la casa de mis padres: fresa y verde. Voy a casa de una prima y veo que hemos tapizado con la misma tela. 

De las cosas que más distancian (y acercan) son los gustos estéticos. Es de las tolerancias –o mejor, caridades- a veces más importantes. 

Hay muchas facetas, muchos campos, intersecciones y derivaciones. La casa es un universo  que alberga muchos mundos. Ya no es la decoración, los “estilos”, es todo el mundo de la comida, son también los instantes esos de la luz entrando por una ventana, la sombra que proyectan en un plato de duralex, los cuartos con esa belleza de lo imperfecto y desordenado que han captado tan bien tantos pintores realistas de estos años.

Ya lo dije aquí: me encanta Isabel Quintanilla, Nacho Pola ahora, muchos, me hablan de algo que resuena con fuerza. Nostalgia sin dolor. Necesitamos una casa. La casa es la primera experiencia estética que marca. 

Hay algo muy fuerte que me atrae de lo monacal mientras no sea como de hospital u orfanato. Y, a la vez, reconozco que tanto minimalismo actual en la decoración a veces me aburre y creo que se va por la tangente. Tengo qué pensar qué está detrás de todo esto, de lo que me gusta y de lo que me espanta. Y también qué está detrás de modas, gustos, estilos... 

Es una suerte poder aprender de esto y pensar y perder el tiempo en cosas que no me van a llevar a ninguna parte. 


 


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