Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

viernes, 22 de julio de 2022

Platos de la memoria

 -Hacía mi madre una cosa con garbanzos y espinacas que estaba muy buena, no sé si sabes lo que es ....

-Potaje, José Joaquín, tu madre hacía potaje...

Esta conversación entre mi madre y mi padre recién casados la recordaba mi madre muerta de risa y me la contaba a mí pasados los años. Y tiene que ver con lo que yo llamo "los platos de la memoria", esto es, aquello que cocinaba alguien en nuestra infancia y que recordamos como algo buenísimo, especial y con un sabor absolutamente insuperable. 

A veces ni siquiera es un plato cocinado, es algo tan simple como "aquel" pan con "aquel" chocolate, un tigretón, unos tomates abiertos con sal (esto nos daban en Boecillo los Guilarte, yo no he vuelto a tomar tomates igual). En fin, que no hace falta ni que estuviera cocinado. El olor de la leche subiendo tres veces, hirviendo,  y mi hermano vigilando para que no se saliera del cazo y luego esa nata guardada que untábamos en pan poniendo azúcar. El bocadillo de sobrasada de Marita Torres que todas le pedíamos en el descanso en el cole y ella acababa sin bocadillo ni nada. 

Pero hay platos de la memoria, platos cocinados, recetas familiares o modos de hacer algo... que son, no por cómo están hechos, sino por los recuerdos, por estar ligados a personas a las que quisimos, o por su ancla con nuestra infancia o nuestra juventud, im - ba - ti - bles. 

Esto es: tú puedes hacerlos, intentar seguir al pie de la letra la receta de tu suegra que te da tu marido como oro en paño... pero nunca te saldrán igual. Ni parecido. Y no hay nada que hacer. Mejor dicho, hay que hacer(las), pero sabiendo a qué nos "enfrentamos".

Tranquilidad. Calma. No es que seas "peor" cocinera, no es que "no sepas", no es que... es que entramos en otra liga, en otro juego, donde da igual la técnica, los ingredientes, el modo de hacer algo, la habilidad...: los platos de la memoria están para hacerlos y recordar(les), pero nunca, nunca, serán como aquellos que hacía... tu suegra, tu madre, tu abuela... Ni desde luego,  mucha atención a esto, SU madre. 

Los petix choux de mi madre. El biscuit glacé que ella aprendió de la suya y para mí es la base de todos los helados (un helado mantecado de toda la vida, tampoco vamos a ponernos exquisitos). El flan canónigo o roca flotante en natillas (flan canónigo por ser digno de un canónigo, le decían en mi casa). Las croquetas de mi madre. La siempreviva de mi abuela Aurora (un flan de bolla o de pan con mermelada o lo que hubiera, una comida de "pobre" maravillosa). Las rabas de mi suegra que nunca conocí. Las peras Bella Helena de las que mi marido habla con unción (peras con chocolate y nata, una receta del Telva que yo también recuerdo, asumo que generaciones de españoles tuvimos por Navidades las peras Bella Helena de postre sofisticado...). 

Así que hay que hacer esos platos en su honor y honrar su memoria con la idea de que nunca nos saldrán como a ellas... E inventar nuevos platos también. Otras recetas de la memoria que pasarán a nuestros hijos si Dios quiere. Y con los que alguna vez nos recordarán y dirán eso tan bonito de "pues no era exactamente esto... pero está muy bueno, eh...".


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