Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 31 de marzo de 2014

El temple adecuado

Es un sustantivo olvidado y tiene diversas acepciones, todas interesantes. No es la pintura al temple en este caso, sino ese punto de dureza o elasticidad, la disposición apacible y la fortaleza enérgica y valentía para afrontar los riesgos y dificultades. También es temple el medio término o partido que se toma entre dos cosas diferentes.

Hay un temple específico de profesiones y estados. 

Hay un temple de madre que aguanta protestas y ese temido “no me quieres”  sin ceder a chantajes. Hay un temple de padre que hace otro tanto. Hay un temple de médico,  de profesor y hasta de jefe de redacción (aunque hoy estén desapareciendo a marchas forzadas) que demandan un fino equilibrio a tres patas entre fortaleza, calma y cintura. No es solo conocimiento, son habilidades naturales o entrenadas. 

Y hay un temple propio del político que cree en lo que hace y confía en poderlo hacerlo bien. Y tiene ganas. 

Escribí sobre la sana y necesaria ambición política y no se entendió nada. Desconfío instintivamente de supuestos corderos  a quienes se les llena la boca de buenas palabras, pero luego en la práctica no saben manejarse y pueden llegar a ser mucho más manipulables e incluso peligrosos. Ingenuidades, las menos. Y en política debieran desaparecer del mapa. 

Hacen falta no sólo ideas, principios y convicciones, sino también la habilidad de poder llevar todo eso a cabo y la capacidad de liderar y unir con  la paciencia  y constancia de soportar no sólo reveses y dificultades, sino, sobre todo, a muchos enredadores profesionales y a otra fauna muy variada.

Temple político implica también tener auténticas ganas -esa sana ambición sin la cual no hay político que resista- y creerse capaz y consciente de los peajes personales y vitales que se pagan. Puedes estar en cierta medida en "lo grande", pero acabas perdiéndote un mundo pequeño y doméstico que para algunas personas es importante.

Hay un temple propio siempre en cada caso y cada cual debe averiguar si ese temple Dios se lo ha dado, lo puede adquirir o, realmente, le es algo totalmente extraño o inalcanzable.

Y si no se tiene temple político, no pasa nada, se sirve para otra cosa y santas pascuas.