Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado 24 de diciembre de 2011

"Y entonces me dio por asesinar". Cuento de Navidad. (Capítulo 2. Noche de paz. "Pobre papá". 24 de diciembre de 2011)

Todo empezó la noche del 24 de diciembre de 2010, noche supuestamente de paz. Ya, ya, menuda noche de paz… Lo cierto es que entonces fue cuando me dio por asesinar. Hay que ver cómo corre el tiempo y cómo se puede aprovechar. No hay como organizarse bien y tener un propósito, una misión, una idea clara de lo que quieres hacer. Bueno, que me voy por las ramas, perdóname... Tenía la mesa puesta ya, íbamos a ser mis tres hijos y yo, nadie más. El año pasado, ¿sabes?, yo tenía un especial interés en que viniesen, en estar los cuatro juntos. Quería contarles algo entre brindis y brindis…”.

Me quedo pensando un rato. La chica sigue aplicada al cuaderno. Luego levanta la mirada y yo vuelvo a hablar.
“Era lo mejor, no darle importancia alguna, dejarlo caer como si nada para no preocuparles aún más. Había decorado la casa preciosa con flores blancas, piñas y hojas, puse el mejor mantel, el belén, como siempre, en el centro del cuarto de estar, muchas velas, el abeto con sus estrellas y luces. Compré hasta champán francés para Pablo, que es un sibarita, jamón ibérico del mejor, del que le gusta tanto a Santiago, y langostinos de Huelva para Juan. En fin, el caprichín para cada uno. Y me puse a esperar. Dieron las 8, las 8.30, el mensaje de Su Majestad, que fue un rollo, como siempre, no le puedo aguantar. y ellos sin llegar. “Qué raro” pensé. Les llamé ya preocupada al móvil. “Estamos con papá…” me dijo Pablo.  Me puse en lo peor. “¿Le ha pasado algo a tu padre?, por Dios, pásamelo…” “Gina se ha ido ayer de casa y se ha llevado a la niña con ella.” Era Mauro. Ni se le oía casi, con un hilillo de voz me lo dijo él mismo al teléfono.

Gina es la mujer de mi ex, una chica estupenda. Una vez superada la historia del divorcio ella ya no me parecía ni mal. Incluso me caía francamente bien. Hasta me recordaba cómo era de joven yo. Me quedé un momento en silencio y no pude menos que decir “Venga, venid todos y cenamos aquí. Por favor, Mauro, vente a cenar tú también. No debes estar solo un día como hoy con lo que te acaba de pasar...”.

“Mi madre está aquí…”, me dejó caer. Con eso no contaba, pero me lancé en plancha, con decisión y temeridad. “Nada, tenemos de sobra, y me encantará verla, traétela...”. Olé las mujeres valientes e imprudentes a la vez. La abuela en cuestión es octogenaria y, cosa rara, estaba en esa ocasión en casa de mi ex-marido, y no, como es lo habitual, con su hija, que es quien la lleva,  la trae y le hace más caso, aunque ella nunca lo reconozca y sólo tenga ojos para su niño, porque así podemos ser algunas madres, prestamos más atención a quienes menos están. Sin comentarios, allí estaba una señora casi nonagenaria, mamá, consolando en la Nochebuena a todo un hombre de cincuenta y muchos. Así que vinieron los cinco: mi ex, como alma en pena, lo natural, y nuestros tres hijos y su madre siguiéndole en procesión.

Eran ya ocho años que Mauro llevaba con Gina. Ella tenía treinta cuando se fueron juntos, una buena chica, insisto, la verdad siempre por delante. Se enamoraron y la vida es como es. Pero allí estaba mi ex, en mi casa, envejecido de pronto, triste, hecho polvo. Me daba mucha pena porque era Gina y era también la niña, Mina, su única hija, la de los dos, una ricura de seis años que nos tenía a todos locos, incluida yo, para qué voy a decir lo contrario, los niños siempre me han encantado.

“Pobre papá” fue el tema de la velada, un lamento al que sus hijos se unieron y al que mi ex suegra también contribuyó con su inestimable aportación. Hay pobres por afición que se solidarizan de modo selectivo con algunos de los pobres sobrevenidos, sólo con algunos, y no digo más. Pobre papá”, y allí no se movía ni San Pedro a quitar o a poner platos, a servir bebidas, a cortar la pularda, a ayudarme a colar el caldo de marisco, nada, el hit parade o leit motiv de aquella Nochebuena estaba siendo el “pobre papá”.

Yo estaba encantada de que estuvieran todos allí, eso es la verdad. Me chiflan las Navidades, cocinar para mis hijos, que vengan a casa, que lo pasen bien, verles y saber de ellos. Pero la noche avanzaba y allí seguían todos como de funeral, abatidos, sin probar bocado, y sin hablar, salvo para musitar como un coro de tragedia griega, todos a una, pobre papá”, “pobre papá”, “pobre papá”.

Entonces, con la mejor de las intenciones, pongo a Dios por testigo, se me ocurrió decir para animar Oye, venga, comed algo. Anda, come algo, Mauro… Ya se pasará o se arreglará …”

Mauro entonces fijó la mirada en mí de repente como si hubiese acabado de decir algo terrible. Y no se le ocurrió otra cosa que soltarme con un cuajo de impresión, lentamente, cuando todos los presentes lo podían oír bien:
“Tú, Nuria, no lo entiendes. Tú esto no lo puedes entender…”
No quiero decir la que se organizó porque no está escrito. Le contesté con un corte de mangas de esos verbales, rápidos y letales, que me salen a la perfección, ser periodista ayuda. Él, dolido, pero más lento, tardó algo más en saltar. Y empezamos a subir el tono de voz, especialmente yo. Los chicos quisieron intervenir, su madre aportar, cómo no, su valioso granito de arena a la discusión familiar. En fin, aquello acabó como el rosario de la aurora, todos gritando, yo, además, llorando, queriendo matar a mi ex, a nuestros hijos también, que no estaban de mi parte, naturalmente, sino de la de su padre, faltaría más.

Si soy sincera a mi suegra es a la única a la que yo no quería matar al final. Lleva casi desde que la conozco, más de tres décadas, quejándose de todo y siempre, repitiendo que quiere morirse cada dos por tres, y eso que vive y ha vivido siempre como una marquesa. Así que matarla ni en broma, se le acabaría esa diversión tan buena que tiene de quejarse y considerarse pobre siempre, que es lo que más le entretiene al final como a muchos, considerarse una víctima en particular o en general. 

 Pobre yo, pobre yo, pobre yo”… Voy a hacer un título nobiliario que sea “Pobre de España” y lo voy a distribuir a discreción entre quienes yo me sé, va a haber tortas por la distinción, lo sé".

Al contarle todo esto de sopetón, sin parar, he debido de dejar desconcertada a la chica que toma notas, está paralizada. Pensará que este caso es muy extraño y que qué tendrá que ver todo esto de la discusión familiar en la Nochebuena de 2010 en lo de mi asesinar. Páginas le van a faltar a ese cuadernito suyo para escribir todo lo que le tengo que confesar. Esto no ha hecho más que empezar.


Nota: Este cuento de Navidad a modo de folletín tiene cada día un capítulo, desde el día 23 de diciembre de 2011 hasta el 6 de Enero de 2012.
Aquí tienes el Capítulo 1: Alguien toma notas mientras yo comienzo a hablar. 23 de diciembre de 2011.
Capítulo 2: Noche de paz. "Pobre papá". 24 de diciembre de 2011. (el que tienes en esta entrada)
Capítulo 3:La víctima ideal o las tres condiciones para matar. 25 de diciembre de 2011.
Capítulo 4: Manos a la obra. Primer asesinato: la mosquita muerta. 26 de diciembre de 2011.
Capítulo 5: La suerte del principiante al asesinar. Noche del 27 de diciembre de 2011.

3 comentarios:

Ramón Simón dijo...

Feliz Navidad,

Aurora,


Besos

RETABLO dijo...

Felices Pascuas doña Aurora. Y reservo la lectura de su relato, seguro que es de primera, para un poco después.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Feliz Navidad, Ramón. Un abrazo muy fuerte para ambos.

Retablo, uf, qué susto, cuando volví pensaba que te ibas ;-), menos mal que luego no. El relato no es de primera, es una bobadita que puede entretener si acaso. Eso sí, me lo pasé genial escribiéndolo para el blog día a día, sin planificarlo, hace ya 2 años al hilo de las Navidades. Ahora con cocina, casa y trabajos varios tengo poco tiempo para el blog, por eso lo vuevlo a colgar, además pega con las fechas. Un abrazo.