Se sienta a mi lado y me quedo mirándola. Le calculo no más de treinta años. No tiene pinta de tener experiencia, pero sí de poner mucho interés, la cara atenta y despierta. Es justo lo que necesito, alguien en quien poder descargar. Seguramente está fascinada con el caso que le ha tocado. Y es que no hay nada como matar para impresionar. Decido ser sincera y contarle lo que ocurrió este año que acaba ya, 2011, ayer la lotería y mañana Nochebuena, y en 8 días otra vez a empezar.
“Mira, no tengo nada que perder, así que te voy a decir qué pasó desde el principio hasta el final…"
Hago una pausa para recordar mejor… ¿Cómo empezó realmente lo de mi asesinar? Mientras intento ordenar mi cabeza ella saca un cuaderno pequeño, forrado de tela escocesa roja y verde, con un cierre metálico que, al presionar de lado, se abre de par en par con un sonoro clic. Qué curioso que no lleve portátil, un notebook o un ipad siendo tan joven, ¿por qué será? Quizá no le han dejado entrar con él aquí por confidencialidad o por temas de seguridad. En fin, no lo sé, y, además, da lo mismo. Lo que pueda escribir a mano también será útil. Sólo espero que traiga otro cuaderno porque no sé si todo lo que quiero contar va a caber en ese tan pequeño suyo. A ver, que me voy por las ramas, como es habitual y tengo ahora que recordar.
¿Cómo fue todo?, ¿cómo empezó…? ¡Qué curioso! Justo hace un año mañana, 24 de diciembre, ¡qué casualidad!.
"Digamos que todo empezó por estas fechas… ¿sabes? De hecho, comenzó una Nochebuena, la del año pasado. Bueno, antes ocurrieron otras cosas importantes que te contaré… Pero el origen de eso de matar tuvo lugar el 24 de diciembre de 2010 por la noche, precisamente la Nochebuena del año pasado… ”
La chica escribe “24 de diciembre” con una letra redonda y cuidada, apretada y pequeña, ordenada, aprovechando cada espacio de las pequeñas hojas color crema del bloc.
Se ve que quiere hacerlo bien y no perderse nada que yo diga que me pueda ayudar. Seguramente se imagina como en una película americana, en uno de esos casos difíciles de los que logran dar el espaldarazo profesional, salir en los periódicos, alcanzar fama... En fin, yo a lo mío, que me vuelvo a enredar con la historia de la chica esta que ni me viene ni me va.
“A ver, te cuento. Me llamo Nuria Estillvil, bueno, qué tontería, eso tú ya lo sabrás, para llevar mi caso te lo habrán dicho ya, ¿no? Estoy divorciada. Tengo tres hijos, Pablo, Santiago y Juan, los tres independizados. Un milagro hoy eso de no tenerles hasta los 35 en casa y con mamá. Pero ese día de hace un año venían a mi casa a cenar los tres, era Nochebuena. El día 25, en cambio, iban a ir con su padre, nos turnábamos…”
Escribe “divorciada”, los nombres de mi ex y de mis hijos, todo casi sin respirar, como si no pudiera seguirme. Suspiro. Voy a tener que ir más despacio para que lo coja todo.
“Me divorcié hace más de ocho años, ¿sabes? Mi marido, Mauro, se fue con una doce años menor que yo, quince menos que él. Pasados los cuarenta algunos hombres se ponen raros y les da por ahí. Lo suyo ni siquiera fue original. Y allí que me quedé yo plantada con los tres chicos de 23, 21 y 18 años. Casi formaba parte del guión habitual. El caso es que, a pesar del sofocón y del dolor, luego los dos nos hemos llevado bien, aunque a mí Mauro me demostró ser un tonto de baba. No malo, solo un tonto más de los muchos que hay. Pero, además, yo me había casado con él. No pasa nada, a los tontos se les puede llegar a querer. Afortunadamente el amor no tiene nada que ver ni con la inteligencia ni con la bondad, si no, aviados estaríamos. Así que, incluso tras nuestro divorcio, seguí queriéndole, aunque con prevención y a cierta distancia ya. Pero quedó mucho afecto, a Dios gracias. Eso le protegió de lo que pasó después, menos mal. Eso le protegió”. Lo repito al final dos veces... “Le protegió, ¿sabes?, le protegió…”
La chica se estremece mientras toma notas. Me doy cuenta del repelús que le doy. No levanta ni la cabeza, pero un escalofrío le recorre la espalda. Es lo que tiene ser una asesina, das algo de miedo a la gente normal.
Sigo contándole mi historia, todo lo que le puedo y sé contar para que ella lo escriba en el cuadernito que lleva y que ha abierto para mi caso casi al final, muy pocas páginas le quedan. De tan usado como está tiene el forro de tela roto por las esquinas, y unas letras doradas en la cubierta, desvaídas, borradas ya, no se lee la marca comercial. ¿Será de promoción, de esos que dan de propaganda? Es raro, debe de tenerle cariño o ser muy especial para ella, pero no es un Moleskine, no… Y el caso es que me resulta familiar, ¿dónde he visto yo un cuaderno así antes?
(Nota: Cada día un capítulo, en plan folletín, de este Cuento de Navidad. "Y entonces me dio por asesinar" terminará el 6 de enero de 2012)
Capítulo 2: Noche de paz. "Pobre papá". 24 de diciembre de 2011.
Capítulo 3: La víctima ideal o las tres condiciones para matar. 25 de diciembre de 2011.
Capítulo 4: Manos a la obra. Primer asesinato: la mosquita muerta. 26 de diciembre de 2011.
Capítulo 5: La suerte del principiante al sesinar. Noche del 27 de diciembre de 2011.
5 comentarios:
Te he mandado hace unos días un correo, no sé si lo has recibido. Si no, aquí va mi felicitación:
Muy feliz Navidad, un 2012 lleno de venturas dentro de ese año de ventura que se te abre.
Después de un noviembre de sequía va a ser un placer beber tu prosa navideña.
Felices fiestas para ti y la familia.
De mi y la familia.
Caninas incluidas.
Besos
Ángel, lo mismo para ti, mi más cálida felicitación y lo mejor para el 2012.
Uf, Dorda, es que estaba sobrepasada, y lo he echado de menos horrores. Olimpia a mi lado os manda también saludos cordiales.
Es un placer volver a leerte, Aurora en tu reedición del cuento de Navidad. Te imagino enfrascada en mil preparativos. Ya hablaremos.
Te deseo una muy feliz Navidad para ti, Gonzalo, tu familia, y Olimpia, por supuesto.
Un beso.
JM, tenemos que hablar, más novedades, pero bien.
Corregí lo que me dijiste, pero mantengo aqui el capítulo que sobra en la versión papel.
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